Estás en la parte 2: la historia continúa tras el desplante que dejó a todos sin aliento…
El silencio en el salón era tan absoluto que se podía escuchar el tictac del reloj de pared en el fondo del pasillo. Alejandro mantenía una calma aterradora, esa calma que precede a las tormentas más devastadoras. Sus ojos, que siempre habían mirado a Valeria con una mezcla de admiración y ternura, ahora eran dos pozos de hielo.
Valeria, confundida por la falta de respuesta inmediata y acostumbrada a salirse siempre con la suya gracias a su belleza y posición social, dio un paso atrás, pero mantuvo su barbilla en alto, desafiante.
—¿Por qué me miras así? —espetó ella, tratando de recuperar el control—. Solo estoy defendiendo lo nuestro. Esta boda ha costado una fortuna, Alejandro. Mi familia puso la mitad, la decoración es de revista, y no voy a permitir que una distracción así lo eche todo a perder. Tu madre debería saber comportarse en estos eventos.
Alejandro soltó una risa seca, carente de cualquier rastro de alegría. Fue un sonido que heló la sangre de los invitados.
—¿»Saber comportarse», Valeria? —preguntó él, con una voz baja pero que se escuchó en cada rincón del salón—. Mi madre sabe comportarse perfectamente. Sabe de sacrificio, sabe de amor incondicional, sabe lo que es trabajar de sol a sol para que otros tengan una vida mejor. Lo que ella no sabe es de maldad. Lo que ella no sabe es de despreciar a alguien por su origen o por un accidente.
—¡Ay, por favor! No empieces con tus discursos de superación —interrumpió ella, moviendo la mano con desdén—. Es solo un vestido de seda, sí, pero es MI vestido. Y ella lo pisó.
—No, Valeria. Ella no pisó solo tu vestido. Tú acabas de pisotear el corazón de la mujer que más amo en este mundo —dijo Alejandro, dando un paso hacia ella, lo que la obligó a retroceder de nuevo—. Te he visto quejarte del servicio, te he visto mirar por encima del hombro a los meseros, te he visto criticar los regalos que no eran lo suficientemente caros… Pero esto… humillar a mi madre delante de todos porque tropezó… esto es el límite.
Doña Elena, aún sollozando, tiró suavemente de la manga de la chaqueta de su hijo.
—Hijo, por favor, no peleen por mi culpa. Es tu boda, es el día más feliz de tu vida. Yo me voy, no pasa nada, me tomo un taxi y me voy a casa. Sigan con la fiesta…
—No, mamá. Tú no te vas a ninguna parte —sentenció Alejandro sin dejar de mirar a la novia—. La que parece no entender dónde está parada es Valeria.
En ese momento, los padres de Valeria se acercaron. Su padre, un hombre de negocios de gesto adusto, intervino con tono autoritario.
—Alejandro, ya basta de esta escena. Es un malentendido familiar. Valeria está nerviosa por el estrés del evento. Pide disculpas a tu esposa y continuemos con el brindis. Hay gente muy importante aquí observando.
Alejandro miró a su suegro, luego a su suegra, que miraba a doña Elena con la misma condescendencia que su hija. Entendió entonces que Valeria no era un error aislado; era el producto de una crianza basada en la apariencia y la falta de empatía.
—¿Gente importante? —Alejandro señaló hacia el salón—. La persona más importante en este salón es la mujer que tiene la mejilla roja porque se cayó tratando de darme un abrazo. Y ustedes la tratan como si fuera un estorbo.
Valeria, viendo que la situación se le escapaba de las manos, intentó cambiar de táctica. Se acercó a Alejandro, tratando de poner sus manos en su pecho, forzando una sonrisa dulce.
—Mi amor, perdóname. Tienes razón, me excedí. Estaba asustada por el vestido, es que… es tan especial. Vamos a olvidar esto. Mamá Elena, lo siento, ¿sí? Luego te compramos un ungüento para ese golpe. Ahora, Alejandro, ven, que la orquesta va a empezar a tocar nuestra canción.
Alejandro sintió una náusea profunda al escuchar el nombre de su madre en la boca de Valeria. Era una disculpa vacía, una transacción para salvar la imagen de la fiesta. Se alejó de su toque como si le quemara la piel.
—No habrá canción, Valeria. No habrá brindis. Y ciertamente, no habrá matrimonio.
Un jadeo colectivo recorrió el salón. Valeria se quedó con las manos en el aire, su rostro palideciendo hasta quedar del color de su vestido.
—¿Qué estás diciendo? —susurró ella, con la voz temblorosa—. Ya estamos casados por lo civil. La ceremonia religiosa terminó hace una hora. No puedes decir eso.
—Los papeles son solo eso, papeles —respondió Alejandro con una determinación que no dejaba lugar a dudas—. Se pueden anular. Se pueden romper. Pero lo que no tiene arreglo es el carácter podrido. Si hoy, en el día que se supone que debemos ser uno solo, eres capaz de tratar así a la mujer que me dio la vida, no quiero imaginarme cómo tratarás a nuestros hijos, o cómo me tratarás a mí cuando ya no te sea útil.
Alejandro se quitó el anillo de oro de su dedo anular. Lo miró por un segundo, recordando las ilusiones que tenía puestas en ese metal, y luego lo dejó sobre una bandeja de plata que sostenía un mesero estupefacto.
—Con mi madre no te metas, Valeria. Ni hoy, ni nunca. Este matrimonio se cancela hoy mismo.
Valeria estalló en un grito de rabia, la máscara de dulzura desapareciendo por completo.
—¡No puedes hacerme esto! ¡Mira todo lo que hemos gastado! ¡Mi familia me va a matar! ¡Vas a ser el hazmerreír de la ciudad! ¡Eres un muerto de hambre que no sabe valorar lo que tiene!
Alejandro no respondió. Se giró hacia los invitados, que permanecían en un silencio sepulcral.
—La fiesta ha terminado. Pueden retirarse. Los meseros y el personal recibirán su pago completo, no se preocupen.
Luego, volvió a tomar el brazo de su madre, quien lo miraba con los ojos muy abiertos, asustada pero sintiendo, por primera vez en mucho tiempo, un orgullo que le llenaba el pecho. Alejandro la guio hacia la salida, pasando por en medio de la gente que les abría paso como si fueran la verdadera realeza del lugar.
Valeria se dejó caer de rodillas en medio del salón, gritando insultos, mientras su vestido de seda fina se manchaba irremediablemente con el vino derramado y los restos de las rosas que ella misma había despreciado.
Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇




