Dos horas después, el ambiente era radicalmente distinto. El lujo y la opulencia rodeaban a Carlos y Valeria en el restaurante más caro de la zona financiera. Las copas de cristal de bohemia chocaban en un brindis cargado de cinismo.
—A tu salud, socio —rió Valeria, bebiendo un sorbo de un champán que costaba más que la pensión mensual de Aurelio—. No puedo creer que fuera tan fácil. «Confío en ti, Carlos»… casi lloro de la risa en ese momento.
Carlos soltó una carcajada estrepitosa, aflojándose finalmente la corbata. El traje azul marino, que antes parecía el uniforme de un hombre de éxito, ahora lucía como el disfraz de un villano que acababa de cometer el robo del siglo.
—El viejo está acabado, Valeria. Cree que se va a ir a la playa, pero la realidad es que ese asilo es demasiado caro. Mañana mismo hablo con la administración para que lo trasladen a un pabellón del estado. Ya no lo necesito. Con la venta de la casa de la montaña tengo suficiente para cubrir mis deudas y comprarme el yate que vi en Miami.
—¿Y si pregunta por las escrituras? —preguntó ella, jugueteando con una aceituna.
—¿Quién le va a creer a un viejo senile que firma cosas sin leer? —respondió Carlos con desprecio—. Le diremos que el mercado inmobiliario colapsó, o que perdió el juicio. Total, ya tengo el poder absoluto.
Mientras ellos celebraban su supuesta victoria, a pocos kilómetros de allí, Don Aurelio caminaba por el despacho de un hombre al que Carlos no conocía, pero que había sido el mejor amigo de Aurelio durante cincuenta años: el Notario Público Martínez.
—¿Lo tienes todo, Aurelio? —preguntó el Notario, ajustándose las gafas y mirando con tristeza a su viejo amigo.
—Todo, Julián. Cada palabra, cada burla, cada plan —Aurelio puso el grabador sobre el escritorio—. Mi propio hijo planeaba dejarme en la calle después de quitarme el sudor de toda mi vida. Me duele en el alma, pero la sangre no te hace familia si el corazón está podrido.
Aurelio recordó la mirada de Carlos durante la firma. No había amor, no había preocupación. Solo había hambre de dinero. Había visto a su hijo crecer, le había perdonado deudas, le había limpiado los errores una y otra vez, esperando que algún día madurara. Pero ese día en el asilo, Aurelio entendió que Carlos no tenía remedio.
—Esos papeles que firmó… —comenzó Martínez con una sonrisa lícita.
—Son papeles de prueba, Julián. Tal como lo planeamos —asintió Aurelio—. El documento que Valeria redactó fue invalidado por la revocación de poderes que firmé contigo ayer por la tarde. Lo que él tiene en su maletín ahora mismo es una cesión de derechos sobre una empresa fantasma que solo tiene deudas.
Aurelio se sentó pesadamente en un sillón de cuero. El peso de la decepción era más grande que el de la edad. Había tendido una trampa, sí, pero solo porque sabía que su hijo ya le había tendido una a él mucho tiempo atrás.
—Él cree que mañana podrá inscribir las escrituras —dijo el Notario—. Se llevará la sorpresa de su vida cuando el registro le informe que todas tus propiedades han sido transferidas a una fundación de ayuda a ancianos abandonados, bajo un usufructo vitalicio para ti.
—No quiero el dinero, Julián —suspiró Aurelio con lágrimas en los ojos—. Solo quería saber si me quedaba un hijo. Ahora sé que solo me queda un extraño con mi apellido.
Mientras tanto, en el restaurante, Carlos ya iba por su tercera botella. Estaba ebrio de poder y de alcohol. Empezó a llamar a sus acreedores para decirles que el dinero llegaría en 24 horas. Incluso llamó a una agencia de viajes para reservar un vuelo a Europa.
—Mañana a las nueve de la mañana —le dijo Carlos a Valeria mientras la dejaba en su casa—, nos vemos en la oficina de registros. Quiero ver cómo mi nombre aparece en cada propiedad. Es el fin de una era y el inicio de mi imperio.
—Eres un genio, Carlos —respondió ella, dándole un beso en la mejilla—. Nos vemos mañana, millonario.
Esa noche, Carlos durmió como un bebé, soñando con lujos y excesos. No sabía que el «viejo indefenso» estaba terminando de redactar una carta que sería el golpe final, la lección de justicia más dura que un padre puede darle a un hijo que ha perdido el rumbo.
A la mañana siguiente, Carlos llegó a la oficina de registros con una sonrisa radiante. Llevaba los documentos originales, la firma de su padre aún fresca en el papel. Valeria lo esperaba en la entrada, luciendo un vestido de diseñador comprado a crédito, confiando en la comisión que recibiría.
—Buenos días —dijo Carlos al funcionario de la ventanilla, entregando los papeles con arrogancia—. Vengo a formalizar el traspaso de estas seis propiedades. Aquí está el poder firmado por mi padre, Aurelio De la Vega.
El funcionario tomó los papeles, los escaneó y empezó a teclear en su computadora. Carlos y Valeria intercambiaron una mirada de complicidad. Estaban a segundos de la gloria.
De pronto, el funcionario frunció el ceño. Se detuvo, miró la pantalla, luego miró a Carlos y volvió a mirar la pantalla.
—Señor De la Vega… —dijo el hombre con tono serio—, hay un problema grave con estos documentos.
—¿Problema? No puede haber problemas, la firma es auténtica —saltó Valeria, sacando su credencial de abogada—. Revise bien su sistema.
—Oh, el sistema está muy bien, licenciada —respondió el funcionario, girando la pantalla para que ellos pudieran ver—. Pero aquí consta que estas propiedades ya no pertenecen al señor Aurelio De la Vega. Y lo que es más… hay una alerta roja sobre este poder notarial.
El corazón de Carlos dio un vuelco. El sudor frío regresó, pero esta vez no era por la emoción.
—¿Alerta roja? ¿De qué diablos está hablando? —gritó Carlos, golpeando el mostrador.
—Este poder fue revocado hace 18 horas por el titular —explicó el funcionario con calma—. Además, el Notario Martínez ha presentado una denuncia por presunto intento de fraude y abuso de confianza hacia un adulto mayor. Y hay algo más…
En ese momento, las puertas de la oficina se abrieron. Don Aurelio entró caminando con paso firme, ya no parecía el anciano encorvado del día anterior. Iba acompañado por el Notario Martínez y dos oficiales de policía.
La cara de Carlos pasó del rojo de la ira al blanco del terror absoluto. El mundo que había construido sobre mentiras se estaba derrumbando sobre su cabeza, y el clímax de su traición estaba a punto de convertirse en su propia cárcel.
Descubre el desenlace final tocando el botón siguiente 👇




