Estás en la parte 2: la historia continúa…
El silencio que siguió a las palabras de Jason fue interrumpido únicamente por el leve zumbido del aire acondicionado de la mansión. Vanessa y Julián se quedaron petrificados, procesando lo que Jason acababa de decir. ¿Una cámara? ¿El mundo entero? El pánico, que ya era intenso, se transformó en un terror paralizante.
Jason bajó lentamente el arma, pero no la guardó. Se acercó a la cómoda de caoba, donde reposaba su teléfono celular, y con un movimiento fluido, lo tomó y lo giró para mostrarles la pantalla. En ella, se veía un contador de visualizaciones en vivo que subía vertiginosamente. Miles de personas estaban conectadas, presenciando en tiempo real el desmoronamiento de una vida de apariencias.
—¿Crees que me importa mi carrera ahora, Vanessa? —preguntó Jason, su voz recuperando un tono gélido y pausado—. Mi carrera se basa en la confianza, en la integridad. Y tú has manchado todo lo que construimos. Si voy a caer, no lo haré solo. Pero lo más gracioso de todo esto es que tú pensaste que yo era un tonto. Que podrías usar mis viajes como excusa para meter a este… este tipo en mi casa.
Julián, viendo una oportunidad para escapar mientras Jason hablaba, intentó deslizarse fuera de la cama por el lado opuesto. Pero antes de que sus pies tocaran el suelo, Jason levantó el arma de nuevo, apuntando directamente a la pierna del amante.
—Ni se te ocurra moverte, muchacho —advirtió Jason—. Todavía no hemos llegado a la mejor parte. ¿Sabes quién es él realmente, Vanessa? ¿O simplemente lo recogiste de algún catálogo de entrenadores personales?
Vanessa miró a Julián y luego a Jason, confundida por el tono de su esposo. Las lágrimas seguían rodando por sus mejillas, arruinando el maquillaje costoso que se había aplicado con tanto esmero para su amante.
—Es… es Julián, trabaja en el club —respondió ella con voz trémula.
—Ah, claro. Julián del club —asintió Jason con sarcasmo—. Lo que no te dijo «Julián» es que su verdadero nombre es Ricardo, y que tiene un historial delictivo por extorsión a mujeres ricas en tres estados diferentes. Lo que no te dijo es que yo mismo lo contraté para que se acercara a ti.
El mundo pareció detenerse para Vanessa. Miró a Julián —o Ricardo—, quien de repente cambió su expresión de miedo por una de absoluta sorpresa y confusión.
—¿Qué? —alcanzó a decir el amante—. ¿De qué está hablando? Usted no me contrató, ella fue la que…
—¡Mientes! —gritó Jason, interrumpiéndolo—. Quería ver hasta dónde eras capaz de llegar, Vanessa. Quería ver si el amor que tanto pregonabas en las redes sociales era real o si solo eras una cazafortunas esperando el momento de debilidad de su marido. Le pagué a este hombre para que te tentara, para que pusiera a prueba tu lealtad. Y fallaste. Fallaste en menos de cuarenta y ocho horas.
Vanessa sintió que el suelo se abría bajo sus pies. La humillación era doble. No solo había sido descubierta, sino que toda la situación había sido una trampa orquestada por el hombre al que ella creía estar engañando. Se sintió pequeña, sucia y, sobre todo, estúpida.
—¿Me pusiste una trampa? —chilló ella, la indignación reemplazando temporalmente al miedo—. ¡Eso es enfermo, Jason! ¡Estás loco! Me obligaste a esto…
—Nadie te obligó a meterlo en nuestra cama, Vanessa —respondió él con firmeza—. Nadie te obligó a decirle que me odiabas mientras él te desvestía. Lo hiciste por tu propia voluntad. El dinero que le di a él fue calderilla comparado con lo que pierdes hoy. Porque hoy, frente a todos nuestros amigos, socios y familiares que están viendo este directo, anuncio que nuestro contrato matrimonial queda anulado por una cláusula de infidelidad que tú misma firmaste sin leer bien hace cinco años.
Jason caminó hacia la ventana que daba a los jardines de la mansión. Afuera, las luces de seguridad iluminaban la fuente de mármol y los setos perfectamente recortados. Todo era hermoso por fuera, pero podrido por dentro, igual que su matrimonio.
—Señor, por favor… si usted me contrató, déjeme ir —suplicó Julián, intentando recuperar su postura—. Yo hice mi trabajo, ¿no? Usted quería pruebas y aquí las tiene. Solo déjeme vestirme y me largo de aquí.
Jason se giró lentamente. La mirada que le lanzó a Julián fue de un desprecio tan puro que el joven retrocedió hasta chocar con el cabecero de la cama.
—Tú también eres una basura, Ricardo. ¿Creíste que te pagaría por acostarte con mi esposa? El dinero que te envié a través de esa cuenta anónima está marcado. En este momento, la policía está en camino no solo por el reporte de un posible altercado doméstico, sino porque esa cuenta está vinculada a una investigación por lavado de dinero en la que tú vas a ser el principal sospechoso.
El pánico volvió a reinar en la habitación. Vanessa se cubrió la cara con las manos, sollozando sin control. Julián empezó a vestirse desesperadamente, tropezando con sus propios pantalones.
—¡Eres un monstruo! —gritó Vanessa entre sollozos—. ¡Lo planeaste todo! ¡Me destruiste la vida!
—Tú la destruiste cuando decidiste que este lugar no era suficiente para ti —sentenció Jason—. Yo solo encendí las luces para que todos pudieran ver las ruinas.
Jason guardó el arma en su bolso de cuero. No era una pistola de verdad, sino una réplica de aire comprimido de alta gama que se sentía y lucía idéntica a una real. Pero el efecto había sido el deseado. Había desnudado no solo sus cuerpos, sino sus almas miserables ante el mundo.
—Ahora —dijo Jason, caminando hacia la puerta de la habitación—, tienen exactamente cinco minutos para salir de mi casa. No se lleven nada que no sea suyo. La ropa que llevan puesta es lo último que recibirán de mi parte.
—¡Jason, no puedes dejarme en la calle! —rogó Vanessa, corriendo hacia él, olvidando que solo estaba cubierta por una sábana—. ¡Soy tu esposa!
Jason se detuvo en el umbral, sin mirarla.
—Ya no —dijo con frialdad—. Mañana mis abogados te entregarán los papeles. Y no te molestes en llamar a tu madre o a tus amigas. Ellas también están viendo esto. No creo que quieran asociarse con alguien que acaba de protagonizar el escándalo del año.
Jason salió de la habitación y bajó las escaleras de mármol. Cada paso que daba sentía que se liberaba de una cadena invisible. Al llegar a la sala principal, se encontró con el silencio de su lujosa soledad. Se sentó en su sillón favorito y miró el teléfono. El video se había vuelto viral. Los comentarios volaban: indignación, burlas, asombro.
Pero algo en su interior todavía no estaba en paz. Había algo más que Vanessa no sabía, un secreto que Jason había guardado incluso de sí mismo hasta ese momento. Un secreto que saldría a la luz cuando la policía cruzara esa puerta.
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